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Disfrutando de una jornada de caza con amigos en Francia

El 2 de noviembre de 2007 y gracias a mi amigo Patrick Cuvelier, gran cazador, pude disfrutar de una jornada de caza, en la región de Flandria al norte de París, Francia. Nos dirigimos temprano a Anzin donde se encuentra el Coto de Caza. Yo más temprano salí de Cassel, donde había pasado unos días en la casa de un admirable  hombre de 86 años (cazador también en Marruecos en su juventud) de apellido Dufaus, viviendo a las afueras de este incomparable lugar casi al limite con Bélgica y donde hubo cruentos enfrentamiento en la Primera Guerra Mundial, guardando preciados testimonios. Luego de tomar un riguroso café partimos rumbo a Lille para pasar luego por Valenciennes y por fin arribar casi 9 hs. al coto de caza.
Todos estaban muy activos y entusiasmados, 43 cazadores y otros tantos batidores se reunieron a la entrada de un hermoso salón de encuentros. Luego de las instrucciones de sus encargados de caza, los cazadores con sus brazaletes rojos fosforecentes, se dirigieron a los puestos de espera. Por otra parte en confortables camiones los batidores y sus perros capacitados para tal fin salieron para el otro extremo.
Un encargado daba instrucciones para que se ubicaran y con una mañana cálida, sin una brisa en un  bosque teñido de colores nos ubicamos a la izquierda del veterano Patrick.
Yo con todas las antenas paradas y los ojos bien abiertos, todo observaba, sin perder detalles, pues era crucial para mi saber cómo es una caza como lo llaman los españoles ¡Montería!.
Pues bien a unos treinta metros de distancia y dos metros de altura, unos árboles pintados con una franja azul señalaban el límite de alzada de tiro. Las reglas imponen que no se puede tirar por delante y sólo pasando los 180 grados de espaldas se puede tirar. Un observador con buenos prismáticos suele verificar que se cumplan estas normas aunque sus propios camaradas son suficiente garantía de su cumplimiento.
Luego, a unos cuantos metros por delante a nuestros costados, al principio imperceptiblemente se empiezan a escuchar ladridos y golpes de madera con gritos de los batidores. Obviamente la fauna comienza a caminar, al principio lentamente, es así como pudimos ver dos ciervas hembras delante nuestro con paso firme, luego un zorro, y escuchar el ruido de ramerío de algún jabalí. Unos cuantos tiros se escucharon a lo lejos, propio de armas de grueso calibre casi todos Express doble cañón.
Casi a las 14 hs. se levanta la espera para ir a comer unos deliciosos platos (carbonada de cordero) con un excelente vino, en nuestro caso mendocino que por cortesía Patrick había llevado para homenajearme. El resto llevaba su propio vino como Patrick pero Franceses de excelente paladar, que también probé.
Esto fue muy oportuno para informar de la caza en La Pampa, sus excelentes condiciones cinegéticas, que no cesaban de admirar y preguntar; los costos, etc. y ante muchas preguntas tratar de contestar todas. Un párrafo aparte le dediqué a algunas damas que compartían con sus esposos, sobre cómo podían disfrutar del turismo en nuestra provincia mientras ellos cazaban.

Gracias a todos por haberme permitido compartir esta jornada y en especial a Patrick que tuvo que soportarme.
Pienso retribuirle a Patrick en febrero de 2008, cuando nos visite con una buena jornada de caza.

Rodolfo Serradell
Ingeniero Agrónomo. Etólogo.

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